De un amigo que tuve la suerte de conocer cuando viví por primera vez en la ciudad de Tarapoto, selva del Perú en el año 1991. Tenia yo 19 años, el tenia alrededor de 70 ex policía, ex abnegado padre, ex mujeriego sin remedio.
La información que tengo de él, es la que tuvo a bien compartirme y algunos datos más que recojo de conocidos
A los 17 años estuvo en Picota, donde enamoró a una hermosa niña de 16 años, con la cual tuvo un hijo del cual nunca se entero había engendrado, pues el viajo al poco tiempo a Lima, en aquel tiempo el viaje se hacia por tierra y caminando, al menos hasta llegar a la costa.
Humberto Rengifo Villacis, 1916 2006, vi en su lapida, el ultimo domingo, me sonreía desde su foto, viejo parecido a Miguel Grau, en los 50 años, pelo cano y escaso cuando nos cruzamos en la vida. Uniforme de guardia, orgullo de su vida.
Viajó a Lima a estudiar en la escuela de policías, y de ahí en adelante solo se que tuvo mujer y dos hijos a los cuales crió con amor, solo, cuando su mujer lo dejó, llevo su vida disipada y su vida familiar lo mejor que pudo.
Sus hijos se hicieron ingeniero y doctor, y poco supo de ellos después, el continuo entre el Frontón, y su trabajo de guardia hasta su jubilación, pronto se enteró que su Niña vivía sola en Tarapoto e intento el contacto.
Se presentó ante ella de repente y fue rechazado una y otra vez, con tesón insistió, buscaba compartir sus últimos años con alguien, con el tiempo ella cedió.
Tuvo un hijo que lo amo, por que como dicen de la madre depende eso, Humberto como él, se durmió por la meningitis en el regazo de su madre a los 17 años, y lloró por él y quizo tener hijos en los amigos que tenia.
Cuando volví, tal como te había prometido me di cuenta que había demorado demasiado y ya te habías ido. Tan pronto como Humberto querido amigo.
Vivió con su niña a la que cuido como un esposo bueno, trabajo con la fuerza de su alma si poderse ayudar de su cuerpo, tu amigo que te escribe te acompaño dos años y se te fue, le esperaste y aquí esta, pero no estuvo, cuando perdiste tu pierna y ya no querías seguir viviendo, cuando te llevaban las fiebres a delirar y conversabas conmigo pero no estaba, pero si, no hay que ser claro, no se sabe de eso nada aun.
Tu niña de 70 años hacia pan y tu salias a venderlo, como buen criollo con tus bromas divertías a tu gente, que te esperaba, y regresabas en menos de una hora con los bolsillos llenos de monedas, te levantabas a las 5:00 de la mañana a moler café para pasar, preferías una buena conversación, a ver televisión, que nada bueno en realidad nos da.
Muy poca gente sabia que habías conquistado el corazón de una mujer de 25 con regalos y palabras bonitas, a los amigos hay que entenderlos, 50 años de tu vida no se cambian de un porrazo.
En las noches no podías, recuerdo, comer más, y solo tomabas un poco de agua con azúcar, a pesar del hambre que te daba, eso te amargaba la vida, pues que rico cocinaba tu niña.
Tomabas la cerveza como en los tiempos de Sanchez Cerro cada uno con su botella y a vaso lleno, tu Pilsen Callao helada una de tras de otra, hasta que con una mano en la pared regresabas, a tu casa desde el bar, riendo como loco por tu travesura con la niña, andabas con tu navaja escondida para atacar a esos delincuentes que te siguieron desde Lima y que nunca podíamos ver.
Ahora nos miras de tu foto en blanco y negro en el atardecer de tu vida que quien pensó que llegaría a ser tanta y tan rica en todo, amigo Humberto.